LA VIRGEN DE LA BARQUERA Y LA FOLÍA

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A pocos días de la Folía, la medieval villa barquereña resplandece engalanada ante afluencia de curiosos y devotos, que todos los años atrae junto al entorno de su bahía, para poder admirar con atención la procesión marítima de su Patrona, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. El próximo 15 de abril San Vicente de la Barquera celebrará esta tradicional fiesta que ha permanecido prácticamente inmutable a lo largo del tiempo, en el que todo aquel que lo desee podrá participar de estos actos sea natural de la localidad o no.

La Folía es una de las muchas fiestas marianas que existen en nuestro país cuyo origen se pierde en los libros de historia, pero que sin duda puede incluirse dentro de la historia del cristianismo ibérico. Son muchos los estudiosos que defienden las tesis de que el cristianismo asumió muchos elementos de la religiosidad anterior, con el fin de adquirir como propios aquellos componentes paganos que podían ayudar a una mejor transición de la cristianización popular. Así pues, al pueblo, decía San Gregorio Nacianceno, le gustan las fiestas, y muchas de las del ciclo estacional o del proceso agrícola serán sustituidas y cambiadas de sentido por el cristianismo. A todo esto habría que sumar entre otras razones las palabras de San Gregorio Magno en el 595, “de que no hay que destruir los templos (paganos) sino transformarlos en iglesias”, que han sido seguidas en más de una ocasión.  

En la tradición barquereña San Vicente era una colonia de pescadores que se estableció allí por sus mares tan abundantes en peces, en donde se edificó una capilla con advocación a San Vicente Mártir (en la actual Casa del Mar), propiedad de los marineros, y en creencia de la misma costumbre fue la primera iglesia del lugar. En realidad se debía a una estrategia geopolítica de Alfonso VIII de Castilla, que en su afán por controlar los puertos del cantábrico y el comercio con Europa, necesitaba una última villa fronteriza con el Reino de León, por lo que dotó a la villa de un fuero en el que ordenaba la construcción de una muralla, un castillo y la iglesia de Santa María de los Ángeles.

Visión de San Vicente de la Barquera de Pedro Texeira en 1634

La leyenda del origen de la Virgen de la Barquera la recoge el franciscano de origen Barquereño Antonio Iglesias Sánchez, quien en el recuerdo nostálgico y en su fiel devoción a la virgen nos la relató en los siguientes términos desde su sede de Nueva York en los últimos años de su vida:

Un día venturoso, no falta quien piensa que fue un martes de Pascua, los vecinos de San Vicente vieron dirigirse hacia la ría una embarcación misteriosa, al parecer sin piloto, sin timón, sin tripulantes, sin remos, ni velas, envuelta en clarísimos resplandores, guiada por una imagen milagrosa, que se dirigía hacia San Vicente.

Apenas los feligreses, felices moradores de San Vicente, divisaron la barquilla  -deslumbrante de claridad y de hermosura- quedaron atónitos y perplejos ante aquella aparición inesperada y no sabiendo qué quería significar el cielo con aquella maravilla; y viendo que se detenía a la entrada del puerto, fueron a dar noticia a los sacerdotes de la villa, quienes, por inspiración de Dios, reunieron presurosos el pueblo en la iglesia parroquial y, en solemne procesión, se dirigieron al lugar donde la portentosa barquilla, balanceándose sobre las tranquilas agua, esperaba su arribo en la orilla.

Lleno de emoción quedó el pueblo al contemplar la misteriosa nave y, presa de asombro y profundo respeto, se arrodillaron todos en tierra para recibir reverente la singular merced que el cielo les hacía.

Antonio Iglesias Sánchez

A consecuencia, del aumento del fervor religioso que se centró en torno a esta milagrosa aparición, se levantó una ermita en el siglo XV para rendir culto a la Virgen de la Barquera, en el lugar, en el que la leyenda situaba el arribo de la imagen, conocida entre la población como “la capilla de la Barquera”, festejando, desde antiguo, todos los habitantes de la villa pejina este prodigioso acontecimiento, el día de la Folía.

Este día, antiguamente se celebraba el martes de Pascua Florida, pero actualmente se festeja en domingo para no irrumpir en el calendario laboral, siendo, este, el primer domingo tras la Semana Santa, cuya pleamar coincide por la tarde. La Folía viene precedida del Sábado de Gloria, cuando llegado el ocaso, la Virgen de la Barquera abandona su capilla en procesión. Portada siempre por los picayos es llevada a hombros el Domingo de Resurrección al Santo Encuentro, frente a la iglesia de Santa María de los Ángeles, en cuyo interior morará hasta el día señalado.

La mañana del domingo de Folía, San Vicente se despierta con el toque de diana de la banda de tambores y cornetas. Posteriormente realizan por la villa un pasacalle junto a los picayos, dirigiéndose al encuentro de las autoridades, el cual precede como es costumbre de una misa cantada. La tarde  es el momento en el que la virgen ha de regresar a su morada, para lo cual es trasladada por los picayos en un recorrido por la villa hasta el puerto viejo para ser embarcada hacia la capilla. No si antes hacer un alto al final del camino, donde es cantada por la picayas en un momento de gran emotividad. Durante la procesión marítima todos los barcos pesqueros salen a su encuentro y la escoltan hacia la mar antes de tomar rumbo definitivo a la ermita. Finalmente la procesión concluye con la entrada de la virgen en su capilla. Es el momento de mayor emoción y folclore, donde los más devotos cantan y elogian a su Patrona en un espacio más reducido e íntimo.

Picayas cantando a la Virgen de la Barquera, Fuente: El Diario Montañes

Miguel Mayor Muñiz

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